Editorial El Mercurio del 11 de Octubre
¿De qué se trata el exabrupto gratuito de El Mercurio, en medio de las discusiones sobre educación?En la editorial del día miércoles 11 de Octubre, que parte con una pregunta respecto al tamaño del mercado de la educación, se hacen una serie de afirmaciones del todo antojadizas que dan para pensar.
El informe de la OCDE a que hace referencia la Editorial en cuestión, no apunta en la dirección que allí se le atribuye, sino al énfasis que se da en considerar la competencia mercadista como LA –así con mayúscula- solución al problema de la calidad. Se supone que el mercado, al proveer un servicio con mayores opciones, en la competencia produce una diferenciación por calidades. Pero no se hace análisis sobre las condiciones de dicha diferenciación que sólo enunciaremos: la selección y la inclusión de los alumnos.
La información al público ha sido un gran avance, pero deberían publicitarse también los estándares de selección y de conservación de la matrícula, entre establecimientos de diversa dependencia. Ello nos completaría un mapa incómodo, donde evidentemente, los municipales se encuentran “compitiendo” en un mercado de selección “sobre regulado” para unos y “desregulado” para otros.
Pero, sin embargo la Editorial hurga en la idea de que las condiciones desiguales entre establecimientos municipales y el resto, va por el lado de la autonomía para definir equipos docentes, como la única panacea para acortar las brechas que diferencian a los establecimientos, pero ello más bien está ligado a problemas de costo que pueden ser preocupación preferente de empresarios, pero no es un nudo del problema de la calidad. Ante la afirmación de que al estar imposibilitados los municipales de despedir a los docentes con entera libertad, como en el sector privado, no existe la posibilidad de coerción –perdón, “incentivo”- para mejorar, se opone que si bien es cierto no se puede despedir con facilidad, se ha mermado peligrosamente las posibilidades de liderazgo de los profesores y se les ha restado toda autoridad, al no poder imponer criterios pedagógicos acertados, pero contrarios a una serie de micro políticas en educación, que siendo muy loables en su origen conceptual, son contraproducentes, por ejemplo, la rebaja de las exigencias académicas para prevenir la repitencia; o la retención escolar que esconde la imposibilidad de abordar la indisciplina, tanto en el aula, como en el ámbito del colegio; la posibilidad de reprobar dos subsectores –antiguas “asignaturas”- sistemáticamente durante los 12 años obligatorios, sin repetir el curso, por nombrar sólo tres.
Con respecto a la repetida intención de estigmatización sobre los liceos municipales, en que se empeña la Editorial, debemos hacer notar que es muy difícil mantener la disciplina teniendo que cargar con el programa “Liceo Para Todos”, o con una Provincial de Educación o Departamentos de Educación Municipal que reacciona con criterios políticos ante las presiones de grupos de apoderados. Entonces allí la disciplina es una regulación que atenta contra la “inclusión” de modo impresentable… sin embargo en el sector privado, este es un capital importante. Entonces el “mercado” opera sí con reglas dispares.
El Estado ha fallado indudablemente, dando garantías de descentralización en el sector privado y semiprivado y aplicando micro políticas en educación que se contradicen con los conceptos por los cuales se rigen otros, que también reciben incentivo estatal.
Estamos absolutamente de acuerdo en ir definiendo estándares mínimos de desempeño de los establecimientos y monitoreando estrictamente su cumplimiento mediante una institución pública especializada, pero si ello no está acompañado de un marco regulatorio en lo micro, igual para todos, no tiene ningún sentido.
Finalmente, carece de todo sustento la afirmación respecto a la incompetencia del Estado Docente y su papel en el desarrollo nacional, en un período particular de la Historia de Chile.
Es penoso constatar que El Mercurio se haya comprometido con una política que siembra dudas en educación, pues todos sabemos –y la Historia así lo demuestra- que “a río revuelto, ganancia de pescadores”.





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